sábado, 29 de enero de 2011

Aprendiendo a Escuchar


A todos nos gusta compartir nuestras experiencias. Muchos se muestran reservados y otros tantos son abanderados de su vida, pero lo cierto es que necesitamos explicar para que no se pierda en el tiempo. Esta es una sensación muy extendida “si no lo cuento es como si no hubiera pasado.” Guardar algo para ti sin que nadie más lo sepa se interpreta bajo la intención de esconder. Si nadie mas lo sabe es un secreto.

Hablamos de nosotros para ser escuchados y el centro de atención, aunque solo sea momentáneo. El ser humano es social, busca la identificación con el grupo y, sobretodo, el reconocimiento de este. Del mismo modo, buscamos todo el tiempo la complicidad del otro para sentirnos en sintonía. Es entonces cuando la comunicación fluye y es enriquecedora.

La teoría del que escucha es igual de importante. El oyente debe mostrar respeto ofreciendo una atención especial y la escucha activa. Tenemos que recordar que el otro comunica de muchos modos, y tenemos que fijarnos tanto el lo que dice como en lo que no dice, en sus gestos, expresiones, respiración e incluso en su pestañeo. Si detectamos en conjunto su estado de ánimo real, sabremos como reaccionar y dar una respuesta adecuada.

Es muy importante el apoyo que da el que escucha. Una corriente de pensamiento, muy acertada a mi parecer, opina que no debemos aconsejar al otro, porque no conocemos la realidad que está viviendo. Nuestra misión es acompañar a las personas abriendo puertas para que ellas encuentren la solución a lo que plantean. Debemos evitar dar consejos de posicionamiento que hagan escoger a la persona entre dos caminos y sentirse presionado por la situación de tener que elegir.

No podemos solucionar los problemas de los demás ni cargárnoslos a nuestras espaldas. Tenemos que ayudar a la persona a encontrar las respuestas en su interior. Lo podemos hacer a través de preguntas que desembocaran otras preguntas y así sucesivamente, sin juzgar. Si dejamos que sea el otro el solucionador se sentirá mucho más realizado y agradecido.


No podemos solucionar los problemas de los demás ni cargárnoslos a nuestras espaldas. Tenemos que ayudar a la persona a encontrar las respuestas en su interior. Lo podemos hacer a través de preguntas que desembocaran otras preguntas y así sucesivamente, sin juzgar. Si dejamos que sea el otro el solucionador se sentirá mucho más realizado y agradecido.

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