sábado, 6 de agosto de 2011

Sometimes I love them

Adoro a mis amores platónicos, son verdaderos, son de película y son eternamente míos. Siempre están ahí y ahí estarán para siempre. Su mayor merito es haber existido y mi mayor suerte es haberlos encontrado.

Cierro los ojos e invento historias donde incluir a cada uno de ellos, simple por separado, no se vayan a molestar. Además sería imposible juntar tanta belleza en una única fantasía, moriría del éxtasi neuronal.

Cada uno de ellos tiene su lugar en mi memoria y van ganando espacio gracias a mi imaginativo. Mis amores platónicos nunca me fallarán y siempre acudirán a mi llamada. En todo momento tendrán una buena cara para mí, sonrisa perpétua y eternamente lucirán impecables. Nunca tendrán un mal día y jamás se negarán a nada. Afortunadamente, evitarán aparecer ante mi persona para demostrar que nada de lo que había imaginado es real, y siempre respetaran mi fantasía. Por si acaso no pasara, me aseguraré de no coincidir en exceso con ellos para evitar desilusiones.

La gran mayoría de mis amores platónicos son músicos, lo admito. Ellos me entraron por tantos sentidos distintos a la vez que resultó imposible no caer. Fotografía mental que reúne (no en tantas ocasiones como me gustaría) una imagen visual de la persona, una melodía que le acompaña, una textura que noté al tocarle, su olor y, con un poco de suerte, también su sabor. Grabado obligatoriamente en mi subconsciente, por si el consciente llegara a olvidarlo.

De todos los grupos que he visto estos días en el Arenal Sound, celebrado en Castellón, hay uno que me hizo cabecear y pensar, que mi colección de amores platónicos daba la bienvenida a alguien nuevo y muy especial, llámame tonta.




En el próximo post hablaré de Polock, podéis ir escuchándoles en:

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