miércoles, 19 de octubre de 2011

El Poder de La Mente

Había una vez una niña normal, con una vida normal y una familia normal, su historia era normal y su cuerpo, evidentemente, también era normal. El día que Iscra conoció a un chico empezó a sentirse mujer pero, la vida es cruel y los niños más y, que ella fuera tan normal no satisfacía a su nuevo amor. Cuando ella le mostró su afecto en lo que tendría que haber sido su primera historia de amor, el se tornó poderoso tirando la ilusión de Iscra por los suelos. No solo se conformaba con rechazar su amor, empezó a insultarla y a burlarse de ella por su físico normal. Gorda la llamaba.




Iscra, a sus 13 años, había muerto un poco por dentro. No solo se había dado cuenta que la vida no es perfecta, que el amor puede ser no correspondido y de que la gente es cruel, también empezó a darse cuenta de que estaba gorda. Dejó de comer. Las circunstancias se dieron perfectas para poder llevar a cabo su plan. Su mente de niña le hacía creer que, si Miguel no la quería gorda, la querría delgada. Hizo las mil y una, hizo cosas indescriptibles, hasta que se quedó en la I. Ya no era ella. En el camino, no solo había perdido la mitad de su cuerpo, también había perdido la ilusión, la sinceridad, la fuerza, la autoestima, la niñez y la vida. Miguel dejó de importar, el colegio dejó de importar, su sueño de ser artista dejó de importar y ya solo valía pensar en cómo podría estar más delgada. Otra persona pensaba ahora por ella, una persona obsesionada con un único tema que había ido eliminando todo lo que una vida necesita dejando a I no solo enferma, también sola.




Iscra no fue la única que cambió en el proceso. Había abierto la caja de Pandora en su casa. Su padre, aquel padre ideal que contaba cuentos y pintaba cuadros para ella, dejó de ver a su niña pequeña para pasar a ver un monstruo. La normalidad había abandonado la casa para no volver, al fin y al cabo, había hecho mal su trabajo. Un día llegó el primer grito, otro el primer empujón y, sin apenas darse cuenta I recibía una paliza diaria. La excusa para que su padre descargase su ira contra ella empezó siendo la comida, hasta que se volvió sistemático. La casa era un infierno para todos, sin excepción. Ya solo se podía sufrir y ya no eran una familia.




Pasaron un par de años siniestros hasta que, un día, Iscra acalló la voz interior que tanto la había estado engañando. Aunque era una persona débil sacó fuerzas de su sueño para cuidar de ella y hacer crecer esa ilusión que se había enterrado poco a poco. Empezó a comer, a verse guapa y a callar en casa. Aprendió a llevarse una paliza en silencio, a escondidas, y a que ella no tenía culpa de nada. También aprendió a quedarse con aquel padre bueno que tanto la cuidó de niña, y a compadecer la situación de la persona que habitaba ahora su casa. Lo que nunca entendió fue el cambio y la continuidad de sus actos.




Iscra se convirtió en una mujer fuerte, valiente, alegre y con esperanza. Salió de su casa, estudió lo que quería y conquista al mundo con su sonrisa. Iscra es de esas personas que tienen algo especial, que tienen ángel y que, cada vez que las miras es más guapa si cabe. Iscra se hace querer y puedes tener la plena confianza de que siempre estará ahí, cuidándote, porque ahora sabe cuidar de si misma. 







Con la colaboración de MUMU Joyas
Fotos by Max Adam
Dressed by Yumi

Nota: El texto está basado en un hecho real no autobiográfico. Afortunadamente tengo unos padres increibles que me han dado una maravillosa educación y me han convertido en la mujer que siempre he querido ser. A vosotros, muhcas gracias. 


4 comentarios:

  1. ¡Qué Bonita historia! No hay nada como hacer caso a nuestra sabiduría interna. Yo lo resumiría en la siguiente frase “Cuídate mucho, ya que sólo tu sabes hacerte feliz”

    Feliz día

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  2. Fantástica historia, real como la vida misma. Para una profunda reflexión

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