jueves, 3 de noviembre de 2011

Viaje Sensorial, Primera Parte

Hoy harás un viaje a través de tus sentidos. ¿Estas listo? Cierra los ojos, ponte esta venda y respira.



Estas solo en el espacio. Ahora toca desarrollar todos los sentidos que te permitan percibir las sensaciones que, dejándote llevar, te traerán imágenes, recuerdos e historias solo para ti. Pongo mis manos en tus hombros para que los relajes, para que tu coronilla se coloque y crezcas unos centímetros. Te acaricio el pecho para que te sueltes y respires profundo, y empieces a notar los olores que te rodean. Te cojo las manos para que las destenses y para que notes mi piel, caliente. Mi mano, suave en el centro de tu espalda, te empuja lentamente para que te desplaces, sin miedo, por el espacio ahora infinito. Te acompaño para que tus pies pisen firmes por terreno desconocido y noten el peso de todo tu cuerpo en ellos. Cada pisada te lleva a una sensación. Quizás notas tu desequilibrio, el miedo a chocarte, la tensión en tus hombros. Relájate. Te cojo de la nuca con la palma de mi mano totalmente en contacto contigo. Te guío desde ahí, confía en mí, ahora me perteneces.

Me agacho para que sepas que ahora iremos al suelo, te estiro entre colchones, mantas y cojines, buscando tu comodidad. Te dejo solo para que disfrutes de ese momento, el tacto de la sábana, lo blando del cojín, el olor de la manta, tu calor, el sonido de tu respiración… Me acerco de nuevo y empiezo a desperezarte los músculos. Apreto fuerte para que te hagas consciente de que los tienes y de cómo te pesan y se apoyan en el suelo. Ahora respiras solo, natural, suspirando, tranquilo. Siento que me das el permiso para hacerte gozar de esta experiencia.

Tenemos una mesa llena de cosas para que nuestras parejas disfruten. Lo primero que veo es una pluma y pienso que me encantaría que me hicieran cosquillas con ella. La conexión que hemos conseguido me hace probar en ti lo que yo querría probar. Somos uno. Te acaricio con la pluma, busco tus cosquillas y busco tu risa. No te ríes. Ni siquiera haces una muestra de intentarlo. Vuelvo a la mesa. Chocolate para untar. Mancho tus labios, pero estas demasiado tenso y no abres la boca. Te pinto con el chocolate, aún así debes creer que se trata de un pintalabios y no cedes. Tengo que relajar tu mandíbula para que consigas abrir la boca y casi forzándote, te meto el dedo dentro para que sepas que lo que cubre tus labios se come. Pruebas. Tu cara no es de satisfacción y parece que no te gusta. Siguiente. Plátano. Corto un trocito y hago que lo huelas, te acaricio los labios y, un poco más relajado, abres la boca. Comes. Dejo que saborees y notes la textura blanda en tu boca. La piel del plátano me llama la atención. Retiro tu camiseta y veo en tu barriga una zona perfecta para jugar. Tiro la piel sobre ti. Dejo que notes su frío, sus trozos lisos y sus trozos viscosos. Te la restriego por toda la barriga con un pequeño masaje. Tu cara habla.

Espera.


No hay comentarios:

Publicar un comentario