domingo, 6 de noviembre de 2011

Viaje Sensorial, Segunda Parte



Me intereso por como reaccionarás antes los sonidos y dejo que escuches el barullo a tu alrededor. Supongo que empiezas por lo obvio, las risas, los correteos, el gong, las campanas y lo demoro un poco más a ver si profundizas en sonidos más pequeños y en los detalles. ¿Reconoces quién ser ríe? ¿Quién grita? ¿Podrías identificar quién corre? ¿Oyes mi respiración, al compás de la tuya? Tengo que seguir dándote a probar cosas.

En la mesa hay café y batido de fresa. También hay mandarinas, tabaco, vainilla, curry, colonia, quitaesmaltes y otras cosas menos agradables. Solo quiero que lo pases bien, nunca te haría oler algo que te disgustase. Hueles el café, tocas las mandarinas y hago que agarres con las manos abiertas un puñado de bayas, de esas rojas y pequeñas. Tu interés te lleva a acercártelas a la nariz para olerlas, incluso te las restriegas por la cara. Sonrío. Ahora te veo. Ahora eres tú.

Anuncian que la relajación se acabó, que empieza la marcha. Hora de jugar como niños. Cosquillas para activarte y oír tu risa. Te muerdo para que sientas mis dientes y un poco el dolor. Te cogemos entre tres, mira que eres grande, y te arrastramos por toda la sala. Hacemos tu cuerpo levitar, te mecemos de un lado a otro y tú te ríes. Ojalá pudiera cogerte en brazos y darte vueltas como antes hiciste tú que yo volase.
Te pongo de pié y seguimos con el viaje, ahora veré hasta donde llega tu confianza. Primero te hago sentirte seguro, te coloco mi mano en tu centro y caminamos entre un mar de gritos y carcajadas. Me cuesta unos segundos ver que sigues siendo mío, y que harás lo que yo haga. Corremos por el espacio y te ríes más, pero se nota que cuando llegamos a zonas oscuras, aunque tengas los ojos cerrados te asustas. Respira. Empieza la musica y nos movemos a su ritmo. Nos damos las manos y nos volvemos locos girando, y yo vigilando que no venga nadie. Paramos y nos topamos con otra pareja. Estamos todos tan blanditos que el contacto, aunque sea un choque, es agradable e indoloro. Ese encuentro te lleva a dar un abrazo, y a ella le encanta. Te abraza y sigue el baile. Cuando consigo que te desprendas de ella, con todo el dolor en tu corazón porque se te ve en la cara, te llevo a que pises los colchones. Una vez encima empiezo a saltar, como en aquellos años que iba a la feria y me volvía loca en las camas elásticas, y tu me sigues, más emocionado aún que yo. Saltas, saltas y saltas, levantas las piernas, te ríes y yo ya no disfruto, porque estoy sufriendo porque te hagas daño. Tranquilo fiera… Vamos al rincón, que se les ha derramado curri por todo el suelo y quiero que patinemos sobre curry.

Tiempo de relajación. Apagan la música.

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