domingo, 27 de enero de 2013

Renacimos Todos Menos Tú


Creímos que salíamos del infierno, pero lo peor estaba por llegar. Queríamos luz, queríamos ver, y escapando del ahora nos encontramos con el futuro eterno. Como una bocanada de humo oscuro la realidad purgó de un plumazo toda esperanza en nuestro interior. Envueltos de caos y destrucción me aferré a sus manos como si de raíces se trataran. Ya solo me quedaba eso. La lluvia se convirtió en un río de alfileres que despertaban mi piel y, mientras me estremecía entre contrastes, tú te ibas.

El negro de tu ropa parecía una burda broma del destino. Tu cuerpo reposaba ingrávido en unas rodillas ajenas, en unos brazos protectores que habían fracasado en su función. Tu cabeza colgaba desordenada. El telón de tu mirada anunciaba una eterna despedida sin ocasión para aplausos más que merecidos. Paraste el mundo. Morimos contigo.

Mis dos pies se apuntalaron al suelo como si el centro de la tierra, a través de un rayo electrizante, hubiera gritado mi nombre. El vacío en mi interior había anunciado que mi cuerpo le serviría ahora como hogar para siempre. Alrededor gente medio viva que no eran tú, mirándote, alegrándose de no ser tú.
Siempre quisiste ser único, ser especial. Siempre supe que sólo tú podrías habernos hecho vivir ese inerte final.


Tsunami Japón 

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