martes, 4 de junio de 2013

¿Qué debemos hacer con los animales?

En todos nosotros sigue viviendo aquel niño que fuimos y que aprendió a ser como actualmente somos. Nuestro niño interior es sabio y permanece atento para hacer su aparición estelar. Lo reconocemos pronto, tanto en nosotros como en los demás, a veces sale en forma de protestón, de caprichoso, de juguetón...mil maneras que nos sorprenden, aunque son propias y reconocibles; no nos posee ningún extraño.




Hace tiempo que mi niña decidió ser vegetariana. Fue gracias a una de esas maravillosas excursiones que organizaba mi escuela. En este caso nos llevaron a conocer un matadero de un pueblo considerado muy avanzado. El recorrido fue de atracción de terror. Primero pudimos ver algunos de los animalitos apretujados en sus corrales, un espacio mixto, sucio y maloliente donde se apelotonaban cantidad de cerdos, vacas y pollos creando una melodía infernal. Después entramos en un gran polígono frío y gris en el que un señor con sonrisa de oreja a oreja nos mostraba detallando la explicación de cómo y en qué elemento de tortura mataban a cada una de las especies que acabábamos de ver. No dejaba de imaginarme ea mi misma allí dentro, siendo electrocutada, gaseada o degollada. Para mi lo más impactante no fué ver cada cuchilla, casco o sala, si no los toboganes metálicos por los que corrían las piezas inservibles acompañadas de la sangre. Cierto es que todo estaba limpio, porque tuvieron la delicadeza y el detalle de llevarnos de visita cuando todo estaba limpio, pero era inevitable verlos llenos ríos de sangre. Inevitablemente aún sigo recordando aquella imagen inexistente. 
Voy a omitir los detalles del cuadro que supuso para mi adentrarme en aquellas neveras donde lo primero que se te congelaba era el corazón. Aquello fue demoledor. En las películas vale, pero en directo, no por favor. Mi niña de diez años no pudo soportar ver aquel horror. Desde entonces soy vegetariana.

Esta es la historia real que, acompañada de mucha información que recopilé a posteriori, me hizo dejar de comer carne. Es una historia demasiado larga y tensa para explicar cada vez que alguien me pregunta que "porqué no como carne". Aquí les dejo una versión que me gusta mucho más que la mía, mucho menos dolorosa, menos gráfica y más inteligente. Un niño que da una lección de vida y convivencia con el medio ambiente.
 Emocionantemente tierno y sabio.





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