jueves, 25 de julio de 2013

Ambos

Ambos nos reconocimos al tiempo por nuestro hedor a rechazo y abandono. Mirábamos a través del mismo prisma cegador, ese que impide fijar la mirada y solo retrocede en el tiempo y lo filtra todo para que parezca que aquello fue de color de rosa. 
Cada uno sabía que el otro estaba perdido. Hablábamos del pasado y nos escuchábamos muy atentamente, sin opinar nunca, solo nos compadecíamos de nuestros actos, de la mala suerte y de los golpes del destino. Era como hablar con el espejo. 
Nos mirábamos con pena y esperanza, al fin y al cabo nos veíamos reflejados en la tristeza del otro, y sólo viendo avanzar a uno podía hacer que el otro moviera ficha. Nos respetamos demasiado. Nunca hablamos de lo que había entre nosotros, a pesar de tanta terapia no estaba permitido salir del pozo. No avanzábamos. 
Empezó a ser demasiado insoportable aguantar el dolor y sumarle el del otro, y ver como matábamos algo que aún no había nacido. Decidimos hacernos los ciegos y vivir en nuestra oscuridad, separados, soñando despiertos una pesadilla demasiado conocida. Decidimos separarnos. 
Nunca se habló claro de nosotros porque nunca hubo un nosotros más allá de aquellas tardes de cafés y noches de té árabe. Supongo que todo lo que nos privaba del sueño era lo único que nos mantuvo unidos tanto tiempo, tiempo que no hicimos nada, tiempo que dedicamos a palabrear sobre otros, tiempo que no nos perteneció ni nos pertenece, tiempo vacío, tiempo perdido. Tiempo que recuperaría para decirte tantas cosas que ya nunca te diré, porque estás perdido como yo, porque no serviría de nada, porque ya no importa, ni importó nunca y tiempo que volvería a perder intentando averiguar la manera de decirte que me enamoré de ti desenamorándome de otro.




viernes, 12 de julio de 2013

Ramses Presenta su Carta de Verano


El mundo de la gastronomía es un mundo apasionante, y yo lo ignoraba al igual que ignoro muchas otras cosas. Trabajar en restauración es duro y sacrificado, eso lo sabe todo el mundo, pero especialmente lo saben los que viven por y para él, y en España no son pocas.

José L.Marín entre los fogones de Bistró

Si algo he aprendido en la vida es que las cosas hay que hacerlas con pasión y si no no las hagas, y trabajando en Ramses he visto como actuar con pasión tiene su recompensa, que el éxito viene de las ganas con las que haces las cosas y que no solo son importantes el dónde te encuentres, los nombres famosos, las marcas, ni siquiera la calidad juega un papel tan importante como el equipo, ése es el verdadero corazón de una empresa. Pocos tenemos la suerte de ir al trabajo y disfrutar; yo tengo esa suerte. Mi día a día es junto a personas que les gusta lo que hacen y se nota, que son positivas y, sobretodo, que trabajan bien, y el primero en darse cuenta es el cliente. A priori parece increíble, pero hay personas que disfrutamos sirviendo a los demás; quizás no es tan raro. (Por cierto, que alguien te sirva no significa que sea tu sirviente.) Somos esas personas que nos gusta ver cómo los otros disfrutan (como al que le gusta más regalar que que le regalen), y si el otro está a gusto es que estamos haciendo algo bien. 
He conocido gente que tiene un don para esto, que sobrevivirían haciendo otra cosa pero no vivirían; están hechos para comunicarse, para transmitir, para aguantar horas y horas con una sonrisa. Obviamente también existe el tipo de personaje que detesta estar en su puesto, esa gente te la encuentras en cualquier parte, esa gente debería hacer un ejercicio de humildad y abandonar para dedicarse a otra cosa.

            
Emplatando el Royal Crab

Una de las figuras más importantes de la cocina restaurante Ramses es José Luís Marín Marugán, chef al frente de la oferta del salón. José es de esas personas que siempre ofrecen un saludo y regalan una palabra amable; yo estoy deseando entrar a la cocina a saludarle a él a todo su equipo, muy joven por cierto. Nuestro jefe de cocina, encargado de los tres espacios: Terraza, Petit y Bistró, nos convocó el pasado martes a todo el equipo de Ramses para presentarnos los nuevos platos que iban a ser incluidos en la nueva carta de verano. Los entresijos de la cocina a nuestra disposición y algunos de sus secretos compartidos con nosotros, eso da gusto. No podíamos esperar otra cosa que creatividad, calidad y sabor. José explicaba, detallaba, cocinaba y nos animaba a probar mientras todos, como niños atendíamos a esa clase magistral que estábamos recibiendo. 




¿Mi plato favorito? El ceviche de vieira de Galicia con boniato rojo y leche de tigre. Entre las novedades de la carta se encuentran el Royal Crab al natural, los berberechos cocidos al Txacolí, el buey de mar con txangurro al vino blanco, el bonito a la llama y el salmón al papillote de verduras; mucho aire mediterráneo y mucho mar para un verano caluroso en Madrid. ¿De postre? El maravilloso melocotón helado, una verdadera obra de arte para todos los sentidos, especialmente para la vista; y la torrija, un plato tradicional convertido en novedad.


Royal Crab con sus salsas y buey de mar con txangurro al vino blanco

Pulpo cocido y asado a la llama con espuma de ajada

Torrija con helado de manteca



No hace falta decir que después de atender concienzudamente, tomar apuntes y resolver dudas, el equipo procedimos a lo propio, disfrutar catando la magnífica propuesta. Para mí fue una experiencia nueva, y la novata no pudo hacer, de nuevo, más que saborear y escuchar opiniones de profesionales que, coincidieron felicitando al equipo de cocina por este gran acierto. 

Solo queda esperar a que vosotros vengáis a disfrutar de lo que supone visitar Ramses, entrar en un espacio donde se viven experiencias y se crean recuerdos.  




Salón Christine, en el espacio Bistró


Plaza de la Independencia 4, Puerta de Alcalá, Madrid.
www.Ramseslife.com