martes, 3 de septiembre de 2013

Anónimos y Felices

Decidimos ser anónimos después de que se nos indigestara el reconocimiento popular. 
En esta vida hay dos opciones,  buscar el reconocimiento o buscar la felicidad; dos caminos totalmente opuestos que no hacen más que chocarse, más que distanciarse. Cuando vives por y para el reconocimiento público te envuelves de juicios y prohibiciones, cargando con las consecuencias de tu pasado y adelantándote a acontecimientos futuros que te privan de disfrutar del presente. Es como vivir con un pié en cada mundo, dos mundos tan separados entre sí como irreales e inexistentes: Pasado y futuro.  La felicidad te la dan los pequeños detalles, el tomar decisiones sin miedo, disfrutando del aquí y del ahora, sin remordimientos y sin frenos absurdos. La felicidad consiste en hacer y deshacer a tu antojo, pensando en el siguiente paso que darás, no en el último que des al cruzar la meta. La meta es ficticia, hay que vivir el camino que te lleva a ella. La felicidad del anónimo está dedicada a complacerse a él mismo y al pequeño círculo que le rodea, a nadie más y a nadie menos.


Nosotros queremos caminar por la calle sin que nadie se gire, sin que nadie hable, sin que nadie conozca. Es como caminar de espaldas, es como respirar aire fresco todo el rato, de ese que te recuerda a algo pero no sabes a qué, de ese que ahora no es nada pero un día te vendrá a la cabeza sin saber qué, cuándo, dónde o quién.  Aire fresco, aire nuevo, aire sano. 




Peinados de boda, by Coco García