lunes, 7 de julio de 2014

¿Que si te echo de menos?

No, no te echo de menos. Al menos no a ti particularmente. Tampoco a tus desplantes delante de cualquier coño. No.No echo de menos verte fantasmeando con otras, ni reconocer otro olor en tu ropa, cada día uno distinto, pero siempre evocando lo mismo.No, no echo de menos tus engaños, y menos tus mentiras en mi cara. No ese descaro.No echo de menos tus intentos por agradar a todo el mundo ni tu vana intención de seducir, incluso a los hombres.No echo de menos tu inutilidad como persona y como hombre.No echo de menos intentar ayudarte en todo y recibir desprecio y rechazo por tu parte.No echo de menos la sensación de descubrir la verdad y sentirme estúpida.No echo de menos sentir lástima por mi.

Lo único, a veces, entre segundo y segundo, puedo reconocer un leve suspiro que esconde tu nombre, el nombre que nunca pronuncié en la cama por miedo a despertar de mi sueño, ese que fue nombrado por otra, y en ese instante caímos a la cruda realidad que ensuciaba ya hace tiempo mis sabanas rojas de topos blancos.




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